Nuestra pequeña Bambi nos cuenta (II)

El corzo

Sabías que, en los mamíferos, la tendencia natural en el sistema de apareamiento es la poliginia, por la cual, un macho se aparea con varias hembras, maximizando así su éxito reproductivo? El mayor gasto de energía lo invierte en la búsqueda y “obtención” de pareja, mientras que la hembra tiende a aparearse con un sólo macho, maximizando su éxito reproductivo, invirtiendo la energía en la producción del óvulo y en el cuidado de sus descendientes.

El corzo, el más pequeño de los cérvidos europeos, suele ser una especie monógama, con tendencia a la poliginia. Es un animal solitario, que no forma harenes durante la época de reproducción, como hacen otras especies de cérvidos. A mediados del mes de julio comienza el celo, que se adelanta varios meses al de sus parientes, los ciervos y gamos. Una cosa que sorprende, la primera vez que se presencia el celo del corzo, es que los machos, ni berrean, ni mugen, los corzos “ladran”. Su reclamo se asemeja mucho al ladrido de un perro, y por eso, el celo del corzo también recibe el nombre de “ladra”. Los machos son muy territoriales y agresivos con otros machos de su especie durante todo el año, y pueden delimitar territorios de hasta 7 hectáreas, a donde acuden las hembras para aparearse, atraídas por los ladridos del macho.

El corzo posee en su biología reproductiva un fenómeno digno de mención: diapausa embrionaria o implantación diferida. Es decir, la gestación no comienza inmediatamente después del apareamiento, como ocurre en la mayoría de los animales. El óvulo, una vez fecundado, da lugar a un zigoto que sufre las primeras divisiones hasta el blastocito, luego el desarrollo se detiene y el embrión permanece en un estado latente hasta, aproximadamente, el mes de diciembre. En ese momento continúa desarrollándose normalmente, produciéndose el parto entre el mes de abril y el de mayo. El blastocito, por tanto, se mantiene retenido durante unos 170 días, aproximadamente, desde el momento de la fecundación. Tras la diapausa, el embrión continúa su desarrollo durante una gestación de unos 130 días. En total, transcurren aproximadamente unas 40 semanas, desde la fecundación, hasta el nacimiento, aunque realmente la verdadera gestación dura sólo 19.

Con esto, las corzas evitan que los corcinos nazcan en los meses de invierno, que es lo que le correspondería a una especie del tamaño de un corzo, con un celo en el verano, aumentando de esta manera su éxito reproductivo: reduce los “costes” que implicaría el cuidado de las crías en invierno, alargando su nacimiento, hasta meses más propicios, donde la obtención de recursos será más provechosa y, por tanto, aumentará la supervivencia de sus descendientes y, en consecuencia, el éxito reproductivo…

Además, otra de las sorprendentes características de este proceso de reproducción es que, mediante la diapausa embrionaria, la hembra de corzo tiene un control total sobre su embarazo. Si las condiciones ambientales son propicias y el estado nutricional de la hembra es el adecuado, se produce una liberación de hormonas que hace que se reinicie el embarazo propiamente dicho. Si las condiciones son adversas o el estado de salud de la hembra no es el adecuado, el embarazo no prosigue, con el consiguiente ahorro energético para ella.

Senda ecológica

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